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Aplicación del modelo de conservación de especies paisaje en el manejo del conflicto oso andino-ganado vacuno. El caso de la comunidad Qichua de Oyacachi, Reserva Ecológica de Cayambe-Coca, Ecuador

Saskia Flores1, Macarena Bustamante1, Gioconda Remache1, Isaac Goldstein2 y Jaime Camacho1

1 EcoCiencia
2 Wildlife Conservation Society


En el 2004 se realizó por primera vez en Ecuador un estudio integrado sobre la depredación de ganado vacuno por parte del oso andino (Tremarctos ornatus). El lugar escogido para la investigación fue Oyacachi, una población indígena asentada en los Andes, dentro de la Reserva Ecológica Cayambe-Coca. Esta localidad emplazada entre páramos y bosques nublados, en un rango entre 1.600 y 4.300 metros de altitud, fue testigo (y sigue siendo) de varios eventos de depredación sobre sus ganados vacuno y ovino. Entre enero de 2001 y octubre de 2004 ocurrieron 41 eventos de depredación en donde perecieron 61 cabezas de ganado vacuno. Los ganaderos de Oyacachi empezaron a desarrollar actitudes negativas hacia la especie -a pesar de ser la "especie bandera"  de sus proyectos de conservación y de ecoturismo- y comenzaron a preocuparse por sus pérdidas económicas.

El objetivo del estudio fue entender los aspectos ecológicos y geográficos que determinan el conflicto en Oyacachi y analizar sus consecuencias sociales y económicas. Para lograr esto, se desarrolló un esfuerzo de investigación entre enero y octubre de 2004 a fin de recopilar información geográfica, ecológica, social y económica relacionada con todos los eventos de depredación ocurridos entre enero de 2001 y octubre de 2004. El método utilizado para integrar y analizar dicha información fue el modelo conceptual de conservación de especies paisaje desarrollado por Eric Sanderson y sus colaboradores en el 2002. Cuatro de los cinco pasos que propone tal método fueron realizados:

  1. La definición del paisaje biológico de la especie (oso andino)
  2. La definición del paisaje humano
  3. La definición del paisaje de conservación (la intersección de los dos primeros paisajes) y
  4. La identificación del paisaje focal para las acciones de conservación.

El quinto paso, la iteración del proceso una vez implementadas las acciones de conservación, aún no ha sido llevado a cabo.

El paisaje biológico del oso andino se determinó sobre la base de un modelo de uso y disponibilidad de hábitat, desarrollado por EcoCiencia en el 2003. El paisaje ganadero se definió a partir de información relativa al uso del suelo dentro del territorio de Oyacachi, centrándose en las áreas de uso ganadero y en el tipo de manejo ganadero. Una vez "mapeados" los paisajes del oso andino y del ganado, se procedió a combinarlos a través de un proceso de superposición a fin de fraccionar el paisaje según el uso humano y las necesidades biológicas de la especie en cuestión.

En otras palabras, el modelo de probabilidad de presencia del oso andino se combinó con las áreas de pastoreo para obtener el paisaje de conservación. Finalmente, para la definición del paisaje focal para las acciones de conservación se desarrolló un modelo de probabilidad de depredación, basado en la identificación de las áreas en donde habían ocurrido eventos dentro del período de estudio. Para analizar las variables sociales y económicas se desarrollaron métodos de micro escala tales como la evaluación de los conocimientos, percepciones y actitudes hacia el oso andino y el conflicto en sí mismo, y la estimación de costos directos e indirectos derivados del conflicto, respectivamente.

La unión del paisaje del oso andino con el paisaje ganadero creó 12 elementos nuevos del paisaje, en los cuales dos variables de tipo de hábitat (bosque y páramo), tres variables de uso (sin uso, agrícola y cacería, y tala de árboles) y tres variables de probabilidad de presencia de oso (alta, media y baja) fueron combinadas. Este "nuevo" paisaje corresponde al paisaje de conservación, dentro del cual se encontró que: el 52,6% del área de páramo disponible es usada para pastoreo extensivo; el 30,1% del toda el área de páramo tiene una probabilidad alta o media de presencia de oso andino; el 49,6% de las áreas de páramo con probabilidad de presencia de oso corresponden a áreas sin uso; y que el 57,2% del hábitat del oso (probabilidad de presencia alta y media) coinciden con áreas de pastoreo extensivo.

El modelo de probabilidad de conflicto, basado en 43 puntos de depredación georreferenciados en campo, probó que todos los puntos estaban localizados en el ecotono entre el bosque y el páramo (media=3.525; SD=578; ecotono=3.680 msnm). La representación geográfica del paisaje focal para las acciones de conservación mostró que solamente 742,8 (2,9%) de las 25.912,5 hectáreas del área de estudio identificadas como áreas con alta o media probabilidad de presencia de oso andino tenían una probabilidad media o alta (p>0.6) de depredación.

El componente social reveló que los pobladores de Oyacachi tenían un nivel bajo de conocimiento relacionado al conflicto en sí (número de ataques, cantidad de pérdidas, tipo de soluciones aplicadas, etc.) y percepciones negativas sobre cómo solucionarlo (opinaban que la solución radicaba en la compensación económica a los ganaderos afectados por parte de organizaciones externas). Aún así, las actitudes permanecían positivas, lo cual se vio demostrado por el hecho de que los habitantes, incluidos los afectados, descartaban la eliminación de los osos como una alternativa.

En el componente económico se encontró que la carne correspondiente a las 61 cabezas de ganado que fueron depredadas representó una pérdida monetaria equivalente a 31.516 dólares americanos. Las pérdidas relacionadas a la producción de leche ascendieron a 42.534 dólares americanos y las relacionadas a crías potenciales (crías que no nacieron de hembras depredadas) alcanzaron los 3.747 dólares americanos. Estos tres componentes (carne, leche y crías potenciales) correspondieron a los costos directos. Tan solo un costo indirecto fue evaluado: la reubicación de ganado de un área a otra por motivos relacionados al conflicto, lo cual ascendió a 828.71 dólares americanos.

Toda esta información fue la base para la creación de un Plan de Manejo del Conflicto Oso-Ganado en Oyacachi. Este plan incluyó alternativas que conjugaban variables ecológicas y geográficas, pero que también trabajaban en los aspectos sociales y económicos del conflicto. De los cuatro componentes básicos (Manejo del paisaje ganadero, Manejo de la población de oso, Implementación de un mecanismo de compensación y Fortalecimiento organizativo para el manejo del conflicto) solo se aplicaron partes de dos de ellos, básicamente por falta de tiempo y de fondos.

Los procesos educativos del plan se pudieron cumplir casi en su totalidad, y esto incluyó, entre otros, la difusión de información crítica para toda la población a través de afiches y trípticos, y la capacitación de guardaparques para el monitoreo del oso y la verificación de ataques. La ejecución de los componentes relacionados al manejo del paisaje ganadero y de la población del oso andino fue más compleja. Las actividades de desalojo del ganado de las áreas con alta probabilidad de depredación y el mejoramiento de las fincas para el aumento de su capacidad de carga se ejecutaron con relativo éxito. No obstante, no se pudo cumplir a cabalidad el protocolo de vigilancia del ganado de pastoreo extensivo y, mucho menos aún, por la controversia que generó, concretar una metodología para la identificación y eliminación de osos criminales.

El tema económico, como siempre, es el que generó más debates y complicaciones. Se proponía la implementación de un mecanismo de compensación interno, de modo que la comunidad pueda manejar el tema sin depender de actores externos. No obstante, la idea de que la autoridad ambiental del Ecuador o las ONGs conservacionistas deben indemnizar a los afectados prevaleció en la mayoría de la población.

Aunque no se conoce si ocurren con la misma frecuencia e intensidad, se sabe que en la actualidad los ataques continúan. O bien las acciones implementadas fueron insuficientes (de hecho no existió una implementación integral del plan) o bien deben ser afinadas. Justamente por eso se hace necesaria una iteración del proceso investigativo y, sobre todo, una implementación cabal del plan de manejo.
 

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